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viernes, 5 de febrero de 2016

05022016

Solamente una vez amé la vida.
Solo una vez entre mis brazos tuve
al empíreo templo,
y la amé, sí, la amé
como se ama por vez primera, dando
el corazón y el alma
por una boca y un mirar tan claro
como el amanecer.

Y ella me amó, sé que me amó, lo sé.
Me amó como aman los pequeños niños
entre los tiernos brazos de sus madres,
y me amó sin el miedo
de que todo acabara.
Su mirada no supo
engañarme jamás: sé que me amaba.

Mi corazón la siente, su pasión
siente quemando mis entrañas rojas,
aun habiendo escapado entre mis manos,
no muriendo, pues sé que no lo puede,
y antes que muerte, vida quiere y fuego.
Aquel fuego de ayer me abrasa aún.
Sí, la amo, la amo, la amo, la amo, la amo.
No sé decir ninguna otra verdad.

La indiferencia fría que me muestras,
Anaxárete mía,
tras tanto fuego consumiendo nuestros
corazones, rotos hoy,
nunca puede decir esa mentira
que tú misma te dices en silencio.
¿No me amas? Sabes que sí me amas, tanto
como ayer, tanto como te amo, amada.
Nos traicionó el momento:
ni tú, ni yo, ni tú, ni yo, mi amada,,
y aún me amas de todo corazón.
Sé quién nos traicionó, sé que el momento
no fue el momento.

Te amé, me amaste, te amo, me amas, ¿cómo,
cómo no voy a amarte
también mañana, amor?
¿Y cómo, cómo no me vas a amar?

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